sábado, 4 de diciembre de 2010

Violencia (Roger Wolfe)

Mi hija (año y medio) procuramos que nos vea
en los momentos buenos o mejores:
cuando nos abrazamos y besamos,
cuando las cosas discurren con lisura y eficacia,
cuando no hay gritos ni vajilla amenazada,
cuando nuestro roce cotidiano es fluido
y no hay asperezas que nos hagan estallar.
Es obvio que lo otro –lo regular, lo malo, lo peor–
también lo ve, y lo oye; pero creo
que después de todo
no nos las arreglamos
demasiado mal.
Es alegre, nuestra hija; y no hay foto ni momento
en que no sonría.
Le ha dado, quizá por todo ello,
por abrazar a otros críos cuando los ve.
Se lanza sobre ellos, los envuelve
con los brazos y les planta un beso en la mejilla.
A cambio de sus esfuerzos ya le han dado
algún que otro tortazo.
Delante de los ufanos padres en cuestión.
Y ayer llegó, a modo de confirmación definitiva,
la guinda del patrón de conducta habitual:
una niña, algo mayor que ella,
al verla repartir sus holas y sus besos
entre un grupo de críos,
se volvió hacia un niño y le susurró en voz baja:
«Esta niña es tonta.»

Me hubiera gustado
estamparle la jeta en el asfalto.
Y a sus progenitores
machacarles luego la cabeza.

Pero a eso
lo hubieran llamado
violencia.

El arte en la era del consumo, 2001

Informe SÉNECA/SICUE

(Esto es lo que entregaré mañana al hombre erasmus)

Me piden que describa mi estancia en Madrid en menos de un folio. Madrid es una ciudad grande infestada de gente que tiene botones por ojos. No saben mirar más allá de sus propios pies. Al principio me sentí sola entre tanto capullo.

En invierno hacía tanto frío que las manos se me agrietaban. Llegué a la facultad de filosofía uno de esos días horribles. Esa noche había soñado que era inmensamente rica y me bañaba en una piscina climatizada en la que se podía nadar a una temperatura idílica. Parecía un sueño muy real. Luego me desperté. Eso fue exactamente lo que sentí cuando vi por primera vez el edificio donde iba a estudiar. Desasosiego. Incomodidad. Frío.

Me compré un abrigo. Es curioso, me acabé acostumbrando al frío de Madrid gracias a Rumanía. Irina y Andrada. Cuando ellas regresaron a su país, perdí mi abrigo y tuve que salir a buscarlo al bar de la esquina. Hugo y Rubén.

Mucho después comencé a relacionarme con gente de dentro de la facultad. Había un chico oscuro con cara de pocos amigos que en un futuro será el mejor filósofo del Campus (seguramente ya lo sea). Alberto.

Cervezas, tizas de color morado, la Plaza Mayor, Francis Bacon, Nietzsche, los Beatles del profesor Pardo, Blanchot y el derecho a la muerte, Raúl y Pía, noches llenas de humo, una habitación caótica, Ron con Fanta de limón (asqueroso y vomitivo), Bukowski, un cine pequeño, la Gran Vía, el café Libertad, una escultura viva.

Muchos sobresalientes, algún notable, pocos aprobados. Cero suspensos.

Me piden que describa mi estancia en Madrid en menos de un folio. Es ridículo.

COOL: La insólita vida de Dafne y los modernos

DAFNE Y JUNE. COMPAÑERAS DE PISO.

1.

D - Patatas, queso, leche, macarrones, pimienta, tomate frito y pan, ¿qué te parece?

J - Verás, a los once años tuve mi primera experiencia sexual con mi primo Ernie, mientras jugábamos a los médicos me dio unos golpecitos en la rodilla muy agradables, se me erizó el vello sobremanera. A los doce tuve mi primera relación sexual con un chico homosexual, a los trece con una chica heterosexual y a los catorce, después de jugar al Twister con mi tía Peggy, tuve sexo con el primer muchacho heterosexual que conocí. Era policía y me quitó una multa del coche. Por ello (por lo de la multa) me considero bisexual, pero también lesbiana, heterosexual, homosexual, andrógina y hermafrodita. Yo soy gay, mi show es gay y mi público es gay.

D - Ehmmm… yo sólo te preguntaba qué te parecía la lista de la compra…

J - Oh, eso… El tomate puede llegar a ser un complemento realmente excitante. Creo que es afrodisíaco. Nietzsche lo usaba cuando escribía sobre el instinto dionisiaco, cuando hablaba sobre el apolíneo sólo compraba coles.


DAFNE Y JUNE. COMPAÑERAS DE PISO.

2.

D - ¿Esa de la foto eres tú?

J - Sí.

D - Estás desnuda…

J - Sí, ¿te gusta? Es una obra de arte.

D - ¿Quién lo dice?

J - No es algo que se diga, es un sentimiento que florece del alma de cada artista, como una brisa marina chocando contra un cachalote, ¿entiendes?

D - No, ¿dónde la vas a colgar?

J - En el baño.

D - No quiero verte desnuda mientras estoy cagando.

J - Pues a tu novio no le parece mal.



DAFNE Y ARTURO. PAREJA ENAMORADA.

3.

D - Cariño, esa chica te ha tocado el culo.

A - No te preocupes, es lesbiana.

D - Esa otra te acaba de pellizcar los pezones.

A - No te preocupes, cariño, es lesbiana.

D - Oye, ¡esa te ha dado un pico!

A - Pero ¡si es lesbiana! ¡tranquilízate!

D - ¿Le has tocado las tetas?

A - Lesbiana.

(Dos años después. Se produce un encuentro fortuito en la calle.)

A - ¡Dafne! ¿Eres tú?

D - ¡Arturo! ¡Qué sorpresa! ¿Cómo estás? ¿Qué tal te va?

A - Después de que lo dejásemos, vagué durante días (cinco) por los pubs, bebía absenta azul durante el día, aullaba cantos celtas durante la noche y bailaba la polca a un ritmo esquizofrénico. Créeme, me dejaste destrozado. Después leí a Heidegger y bueno, ya sabes… nada volvió a ser igual.

D - Vaya, lo siento, pero ya estás mejor, ¿verdad?

A - Sí. Oh, mira, ahí viene Kass.

D - ¿Quién es Kass?

A - Kassandra, mi nueva novia, ¿te he dicho ya que es lesbiana?


DAFNE Y JUNE. COMPAÑERAS DE PISO.

4.

J - Oye, Dafne, ¿no te gusta Scarlett Johanson?

D - Ni me gusta, ni me disgusta, hace papeles mediocres, lo que pasa es que está de moda y le dan mucho bombo.

J - Pero digo, físicamente.

D - Bueno, sí. Es bastante guapa.

J - ¿Te la beneficiarías?

D - ¿Qué?

J - Si te la follarías, ¿trinking?

D - No, me gustan los chicos, pero aunque quisiese probar sexo con una tía, tendría que gustarme mucho la chica con la que estoy en bastantes sentidos, así que creo que no…

J - Pues yo sí, haría con ella un quinteto. Seríamos ella y yo, pero también un negro de polla increíble, un anciano de barba blanca para sentirnos como colegialas y un cuarentón de perilla castaña.

D - Y supongo que los camellos también participarían.


DAFNE, ARTURO Y JUNE.

5.

J - Arturo, tu novia es una antisocial.

A - Sí, no le gusta mucho la gente. El otro día le comenté si se quería venir a la fiesta de chicas disfrazas de leopardo porque iban a estar también unas amigas y me dijo que no, ¿te lo puedes creer?

J - Increíble, ¡con tantas chicas que irían!

(Aparece Dafne en escena)

D - ¡Hey, chicos! He quedado con Carlos para tomar algo en el café de abajo, ¿os venís?

A - Preferimos ver la tele.


DAFNE Y ARTURO. PAREJA ENAMORADA.

6.

A - Hoy estoy realmente cansado, ayer ya salí. Dafne, no voy a poder aguantar la fiesta de esta noche. Deberíamos irnos, ¿no crees?

D - Bueno, yo no estoy cansada…

CHICA 1 - ¡Hey, Arturo! ¡Qué guapo estás! ¿Te vas a venir hoy de fiesta?

A - Pues… no lo sé… Creo que no, es que… Dafne está reventada.

D - ¿Cómo?

A - Pobrecilla, mírala, no sabe ni lo que dice. Está muy cansada y además, es anémica.

D - Pero yo no…

CHICA 1 - Bueno, Dafne, pues quédate tú en casa y nos vamos Arturo y yo de fiesta (risas)

A - No, mujer, no… Yo jamás dejaría sola a Dafne.

CHICA 1 - Desde luego, eres un trozo de pan, Arturo. No te quejarás, Dafne...

El beso (Gustav Klimt)

la plata

tiembla extranjera,

has llegado a tu tierra
y solares bañados en sangre de plata
te reciben reclamando tu cuello,
una oleada de metal y paredes derruidas
decoran las calles de pobreza.

suena el timbre del horror,
abre la puerta y verás:
verás qué dientes te esperan,
qué vacío al entrar a casa.

mira eso, mamita,
un desconocido en la caseta
su aliento de perro arrima
con su hocico rancio
y esas manos hostiles
que te saludan el bolso
mientras incómoda esperas
la llegada del cielo aciago,

pero el cielo
no llega a las tierras perdidas:

donde antes había huerta
ahora hay humo y almas.

tiembla extranjera,

los efebos quieren enseñarte
cómo se esparce el barro en las oquedades
mientras apagan sus colillas en tus senos,
niños con navajas
y mártires que desfloran sus bocas
en esta primavera congelada,
- ¿de dónde vienes, extranjera?
- de mi tierra vengo,

pues bienvenida a la plata, hija de puta.

brujas y niños

Apenas se oye nada en el jardín de los cerezos, una mujer barriendo el hinojo canta sus celos y cuatro ojos la observan desde la casa de Gretel. La bruja de las siete lenguas ha roto a llorar ginebra al ver a los niños felices: crueles alimañas come azúcar, sucios pies rompe zapatos, ¡devolvedme mi escoba! Los dos juntos desde la ventana de algodón ríen sin pausa con dientes de aguja, el niño saca la lengua metiéndola en el ladrillo de menta, alzan el pañuelo rojo para despedirse. En el cementerio de la cebada se muere de pesar una mujer sin escoba: ya no barre el hinojo, ya no canta sus celos. Los niños han crecido, perversos ríen tras el castillo de huesos.