La claridad meridiana
de las cumbres ocultas
tras la inmediatez de océanos helados
vierte lenguas frías
azules, heladas, sacrílegas,
y me duelen las manos,
no sé de qué forma
acercar mi sangre
para vertir el fuego,
intento escribir unos cuantos versos
que hablan sobre esta imposibilidad,
pero ni las cumbres,
ni la sangre,
ni el fuego,
puede ocultarme
lo oscuro donde me entremezclo,
empieza siendo críptico
y luego cotidiano
y yo sólo puedo ser sincera,
estoy sola.
Alberto e Isa
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